El IOT (Internet de las cosas) hace referencia a cualquier objeto/dispositivo que se encuentre conectado a internet y dotado de inteligencia. Así, el internet de las cosas permite que cualquier objeto se conecte y comunique con otro de su entorno llevando a cabo tareas específicas.
Esta tecnología encuentra un amplio ámbito de aplicación en la tarea de facilitar diferentes aspectos en nuestras vidas, a saber:
- Domótica: por ejemplo gracias al internet de las cosas, podemos controlar todos los equipos conectados a una misma red mediante órdenes de voz sirviéndonos de un altavoz inteligente.
- Electrodomésticos: por ejemplo un frigorífico inteligente que nos avisa de cuando un producto está próximo a su fecha de caducidad, o podemos controlar qué hay en el frigorífico así como qué necesitamos.
- Biomedicina: por ejemplo sistemas que controlan las constantes vitales o el sueño de un paciente.
- Motor: por ejemplo un vehículo capaz de evitar atascos trazando el mejor trayecto en tiempo real.
Tendencias de uso de los consumidores: por ejemplo determinar si un corredor utiliza el calzado o la ropa adecuados.
Si bien es cierto que nos encontramos con una herramienta con un amplio margen de aplicación, no menos cierto es que resulta necesaria una apropiada seguridad en su uso y un cambio de comportamiento del usuario. Por ello, la Comisión Europea aspira a aprobar un reglamento de certificación de dispositivos en ciberseguridad. Y es que, los datos obtenidos mediante estos dispositivos y sistemas pueden ser detectados por terceros afectando así a la esfera privada de las personas.
Eso sí, la utilización del internet de las cosas conlleva una serie de beneficios como son: el ahorro, la comodidad, una mejora en el acceso a la información… y es que el uso del internet de las cosas permite poner a nuestra disposición una gran cantidad de información que se encuentra en nuestro entorno, facilitándonos el día a día.