La robotización es el utilización cada vez mayor de robots en los procesos de producción. Se diferencia así de la automatización y la mecanización en que los robots son máquinas prácticamente autónomas, polivalentes y capaces de ajustarse a sí mismas.

El uso de robots es una realidad incuestionable, asociada cada vez más a sectores de todo tipo y no solo a la industria. Un ejemplo es la robótica de servicios, aplicada a servicios personales y sociales como medicina o limpieza. El rendimiento, la fiabilidad o el funcionamiento, son en definitiva factores determinantes en la popularización de la robótica, factores estos que incrementan la producción reduciendo costes y optimizando los niveles de seguridad. Esto es posible gracias a la combinación de la robótica con desarrollos tecnológicos como el Big Data o la Inteligencia Artificial.

Así, los robots aprenden que algoritmos funcionan mejor, sustituyendo la tarea del programados humano.

El objetivo de la robótica no es otro que asistir a los seres humanos en aquellas tareas que lo requieren, por ser tareas mas peligrosas o por estar mejor capacitados que nosotros para desempeñarla, por ejemplo.

Por tanto, la robotización encuentra un amplio margen de aplicación en el mundo laboral. El uso de robots conlleva ganancias salariales para los trabajadores más cualificados, quienes se aprovechan profesionalmente del auge de los robots al poder combinar sus aptitudes con los robots realizando tareas que estos no pueden, por el momento, realizar. Sin embargo, este uso de robots afecta significativamente a los trabajadores menos cualificados que pueden llegar a verse sustituidos por máquinas mas eficientes y rentables.

Si bien la robotización supone un avance importante en nuestra sociedad, ésta debe hacerse paulatina y coordinadamente entre los diferentes sectores económicos, de manera planificada, de cara a evitar desequilibrios en las empresas, mercados e incluso países.